Un poco de rivalidad es parte de crecer con hermanos. Esto es lo que ayuda a mantenerla en un rango sano, y las señales de que conviene pedir apoyo.

La rivalidad entre hermanos empieza mucho antes de que ambos puedan hablar de ello — y sigue apareciendo, de formas distintas, durante toda la infancia. No es una señal de que algo está mal en la familia; es parte normal de compartir el espacio, la atención y el cariño de los padres.
Cada hijo/a busca, de forma natural, sentir que su lugar en la familia es único e irremplazable. Cuando ese lugar se percibe compartido o en competencia, aparecen la comparación, la queja de "no es justo", y la fricción directa entre hermanos.
La meta no es que nunca haya fricción entre hermanos — es que cada uno sienta que su lugar en la familia no depende de ganarle al otro.
Si la rivalidad incluye agresión física frecuente, si un hijo/a parece retraerse o mostrar angustia sostenida por la relación con su hermano/a, o si el patrón no mejora con el tiempo y la consistencia, un profesional puede ayudar a identificar qué hay detrás y cómo intervenir.
El método ANTES: 5 pasos para preparar el terreno antes de que llegue el bebé, y sostener a los dos después.
El método ANTES: Anticipa, Nombra sus sentimientos, Tiempo especial, Espera regresiones, Súmalo/a al equipo.